Memorias de Adriano

Quiero citar una reflexión de Adriano, imaginada por Marguerite Yourcenar en su gran clásico de la novela histórica:
...Las palabras engañan, puesto que la palabra placer abarca realidades contradictorias, comporta a la vez las nociones de tibieza, dulzura, intimidad de los cuerpos, y las de violencia, agonía y grito. La obscena frasecita de Posidonio sobre el frote de dos parcelas de carne -que te he visto copiar en tu cuaderno escolar como un niño aplicado- no define el fenómeno del amor, así como la cuerda rozada por el dedo no explica el milagro infinito de los sonidos. Esa frase no insulta a la voluptuosidad de la carne misma, ese instrumento de músculos, sangre y epidermis, esa nube roja cuyo relámpago es el alma...
...jamás he podido comprender que pueda uno saciarse de un ser...
...La idea de que un ser se altera y cambia en mi presencia, por poco que sea, puede llevarme a compadecerlo, despreciarlo u odiarlo. He sufrido estos inconvenientes de mi fortuna tal como un pobre sufre los de su miseria. Un paso más, y hubiera aceptado la ficción consistente en pretender que se seduce, cuando en realidad se domeña.
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