Aristóteles dijo a Nicómaco

Así es que el encolerizarse está al alcance de todo el mundo, y es cosa tan fácil como derramar dinero y hacer gastos con profusión. Pero saber a quién conviene darlo, hasta qué cantidad, en qué momento, por qué causa, de qué manera, este es un mérito que no contraen todos y que es difícil poseer. Y he aquí por qué el bien es a un tiempo una cosa rara, laudable y bella.

Desenlace: Filosofía.org

De pequeño quiero ser...



La informática, al servicio de nuestros sueños.

¿Encuentras algo extraño en la foto?

Eclipse



Eclipsado ante esta belleza terrenal he permanecido segundos eternos. No ha sido necesario ninguna compleja configuración cósmica, sólo un corto desplazamiento.

He recogido su color en binarios y aquí se lo muestro al mundo. No olviden poner lentes especiales.

¿Error en Ice Age 2?



Fijaros en la piraña que le muerde el brazo y la que finalmente le devuelve la bellota.

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Frases del doctor House


- (Dr. House a un enfermo asombrado al que ha recetado fumar)
"Casi todo lo que prescribo es adictivo y peligroso, la diferencia es que esto es legal. Feliz día".

- (a Lisa Cuddy) "Una vez me dijiste que siempre creo que llevo razón y he comprendido que llevas razón. Creo que la llevas. No sé..., no estoy seguro"

Enlace: Wikiquote

Los bienvenidos de marzo



Perséfone, la personificación de la primavera, después de seis meses, extiende sus brazos. Las flores hacen aparición bajo sus pies divinos y una luz cálida sustituye el aliento polar. La diosa sonríe y los enamorados, bajo la luz de Venus, se desean caricias y se sumerjen en la intimidad.

En una danza de luz y color, los pasos de la divinidad tropiezan con la tierra de los mil ríos. Allí, donde esperaba belleza, había sequedad y montes quemados. Paró su actividad, y alzando los brazos en actitud desoladora, comenzó a llorar, sorprendiendo a Flora en us primera cosecha.

Se despereza natura y con su aliento desprende fragancias... salgamos al campo a elaborar el perfume.

¿Spain is different?



¿España? ¡Qué más da! Simplemente, otro trozo de tierra donde podemos convivir en paz, llame como se llame.

Via: You Tube

Rompedora Joanne



La mujer, floreciendo en una tierra de hombres con fuerza y belleza.

Desenlace: Joanne

Mirada pesadilla


Sufría cada noche, una tras otra, sin tregua. Me ocultaba entre sábanas y en un mar de lágrimas y sudor hervía, totalmente quieto, al ver esos ojos de mirada sanguinolenta, en la línea de la puerta entreabierta. Su tez era negra como el carbón, si bien la negrura más que color, semejaba carencia de contenido. Algunas veces lo sentía reír y me parecía risa del demonio deleitandose con el mal.

¡Pobre! !Qué mal llegaba mi padre de trabajar en la mina!

Una perla de obra



No te quiero, ya estoy enamorado, sin embargo, no puedo dejar de mirarte.

Obras de Vermeer ---> Google images

Citando a Goethe

Werther escribió en su diario:
Los hombres sentirían menos sus trastornos (Dios sabrá por qué lo hizo así) de no ocupar su imaginación con tanta frecuencia y con tal esmero en recordar los males pasados, en vez de en hacer soportable lo presente.

(...)

Cada árbol, cada seto, es un ramillete de flores; le dan a uno ganas de volverse abejorro o mariposa para sumergirse en el mar de perfume y respirar el aromático alimento.
Texto completo: werther.htm

Paseando bajo la lluvia



¿Quién dijo que en los días de lluvia no hay color?

Para muestra... flickr

Solitario



¡Eh, luna! ¡Cuéntame algo! ¡Me desespera tu silencio! Si me hablaras, seguro que me sorprenderías con una hermosa voz, porque además de bella, estoy convencido de que tienes por voz música celestial; hagamos un dúo y seamos una misma estrella.

Desde tiempos remotos anhelo tu amistad, porque no puedo dormir; siempre estoy a dos velas. Te observo para que no me duela el tiempo y para no recordar problemas sin solución.

Pero, cada vez, me pesa más mi destino, porque con mi muerte me odiarán. Necesito a alguien con quien conversar para hallar consuelo, pero nadie me quiere. Cada vez que me miran apartan los ojos como si quemara. Sin embargo, tú eres adorada por todos. Te envidio luna, te envidio y te amo a la vez.

¿Me escuchas? Para ti soy algo que se deshace en el tiempo, que me apago como una vela. ¡Pero No! No soy soluble ¡No será así! Mi muerte causará mucho dolor. Daños irreparables para la humanidad, en todo lo que me rodea. Llegará lo inevitable.

¡Te das cuenta! Sí me quieren... pero por conveniencia.

¡Desespero! Quiero que me miren, así de extasiados como cuando te observan a ti; que también lucharan por ponerme una bandera; que grandes poetas se inspiraran con mis rizos dorados; quisiera que me tuvieran más estima porque no puedo dormir, no tengo noche y lo único que tengo cerca es tu visión que me enloquece.

Tu no me hablas y mi declaración amorosa parece un soliloquio. Definitivamente, estoy sólo, soy un solitario, acabaré soltero... y loco.

¡Qué triste! Sólo me admiran cuando me ocultas con tu redonda forma, ya sabes, cuando hacemos eclipse. Me da rabia... pero me gusta... ¿Lo intentamos de nuevo?

SOL-UCION

Arma letal



Un niño vulnerable meando sobre el casco del soldado.

¿Montaje? Lo más probable. Falsa o no, es de esas imágenes que consiguen hacerte sonreir y, a la vez, sentir tristeza.

Que los hombres con su "alto el fuego" entreguen las cerillas.

Que los niños apaguen las llamas del mundo, con su formidable arma letal: la bendita inocencia.

El secreto del árbol



Estaba sentada en el mismo sitio, con la misma postura y con el mismo gesto: las manos muertas sobre las piernas juntas, mirada vacía de contenido y parpadeo rítmico. Cada tarde era el mismo ritual.

Un hombre muy conocido en la villa, por ser persona de cierto misterio, se sentó a su lado. Aunque tenía mucha vitalidad, todos coincidían en que era el hombre más anciano, ya que nadie lo recordaba de joven. Pero lo que le preocupaba a la gente era su procedencia y lo que hacía en sus largas ausencias. Él siempre decía que era ciudadano del mundo y nombraba ciudades y lugares que nadie había oído jamás. No diré aquí los cuentos que vagan en siseo de palabras ocultas, pues parecen más leyenda que realidad. Una cosa sí es cierta, la sonrisa siempre le acompañaba. Eso era de desconfiar. Un hombre normal no puede estar siempre feliz. Tenía que haber cierta oscuridad.

La imagen era de antagonismo. El viejo con aquella sonrisa radiante y la mujer, que podría ser nieta, ausente, sin vida.

Como si recordara algo, el hombre dijo:
-¡Te voy a contar un secreto!

Ella seguía sin inmutarse.

- ¿Ves ese árbol de allí? ¡Es curioso cómo tiene el pecho abierto! No siempre fue así. Harto de aguantar en esa postura estática, de soportar todo tipo de inclemencias, de sufrir soledad, decidió irse. Parece cuento, pero no. Rompió el traje de madera y se fue el alma desprendiendo mucha luz – hizo un gesto con las manos, como si tuviera alas-, dicen que se reencarnó en águila. Ahora vuela, para tener libertad.

Desde aquel día no se supo más de la mujer.

Mirada buenos días



Me despido de Morfeo con desgana y con un desgarro en las tinieblas recibo el nuevo día. Junto a mi, unos ojos que no miran, aún en penumbra, me inspiran ternura y dejo que duerman. Me dirijo al baño y el espejo me revela una mirada soñolienta, y luego una que dice: tío, que cara de pringao.

Sonrío.

Danzando con el viento



Silencio.

A la vista, un manto verde coronado de margaritas. El aire habla de una brisa, que suena a fragancias. La bailarina, con sus movimientos pausados, ritmicos como los latidos, acaricia la luz y detiene el tiempo: inmortalidad en movimiento.

¿Eros o Thanatos?

CARPIR DIAS



Una mosca que no le tenía miedo a la oscuridad se ha mezclado con las dos velas en las que he recibido el día. Los latidos, el segundero y el zumbido, han sido cadencias de un carpir.

¡Desesperante! El reloj me ha dañado los tímpanos del alma; los segundos como gotas de auga y su tic tac como trueno ensordecedor.

Silencio. Inexorable transcurrir.

He empezado este diario con “Hola”; continúa “Adiós”, porque no da para más esta realidad. El día pasa en un suspiro, como transcurre el aliento de la vida: en un carpir, un llanto que rasga, un carpir días.

CARPE DIEM



Dudo de mis ojos. No se si están abiertos o cerrados. En una danza sideral el sol calienta en las antípodas y la noche se cierne sobre mi.

Sentado en la ribera de un río, en total soledad, escucho el auga que camina con lentitud. En un gesto, por instinto, sumerjo los pies. Me sorprende lo templada que está.

Dejo caer el cuerpo sobre la hierba y los verdes suspiros me embárgan con su fragrancia. Un ente burbujea por mis venas, como savia que circula por las raíces de un árbol, reverdeciendo cada parte de mi cuerpo y dándome aliento para seguir esprimiendo ese delicioso zumo a todo lo que me rodea.

Regreso a la realidad. No estoy en el río, me encuentro en cama. Una mosca se pasea por la habitación sin ningún respeto por quien duerme. No importa, ya se cansará.

Ahora estoy en una playa. El Pacífico. Las olas me acarician...

Por la senda del escalofrío



La mirada se relaja. El gesto severo, con lentitud, desaparece. El cuerpo se distensa y se sosiega. Dentro, no hay juicio, sólo observación benebolente; fuera, la realidad, es como es y está bien.

Uno.

Dos.

Tres.

Un latido, un escalofrío. Este compás produce vibraciones de armoniosas sinfonías. Así, paso a paso, por la senda del escalofrío, se llega al asombro.

El lecho de las nubes



Era un lugar en el que, según mi antojo, repintaba mis vivencias. Un mundo virtual que se mezclaba con lágrimas y sudores, y casi tornaba realidad. Aquí jugaba a ser feliz, a no tener límites.

Recuerdo un día de tempestad. El cielo estaba tan espeso que se podía cortar con cuchillo; parecía un manto grueso de mantequilla asfixiante; una lucha de titanes que peleaban por un trono, arrancando relámpagos que hacía temblar la tierra. Los caminos de electricidad herían el aire y quebraba como cristal.

De pie en el balcón, con los brazos abiertos a modo de alas, estaba enfrentándome a la naturaleza. Doblé las rodillas y con un pequeño salto comencé la ascensión.

Los rayos me rodeaban, pero como domador de serpientes dirigía su baile eléctrico. Atrevesé las nubes, sumergiéndome en un mar de algodón; me volví vaporoso y observé la superficie: pude verme en el balcón en estado hipnótico y sentí pena. Cuando las nubes se oxidaron, bajé por la escalera de color y remataba el ruído.

Mi padre me estaba mirando en actitud seria. Luego de una exhalación levantó el dedo director, señalando una cumbre.

- Desde allí puedes ver el lecho de las nubes. Levántate conmigo a las 7:00 de la mañana y las verás dormir.

Después de una leve sonrisa añadió:

- El que algo quiere, algo le cuesta; pero no es necesario que vueles.

Estaba harto de que buscara cualquiera ocasión para decirme que pusiera los pies en la tierra. ¿El lecho de las nubes? Bajo sus palabras para mí siempre había burla. Sin embargo, después de muchos años tuve darle la razón.

Ahora construyo realidades desde un lecho de nubes.


¿Cómo es el mundo?



Cómo lo vemos, así es. Observamos, juzgamos y recibimos lo que esperamos. Si percibimos la vida como un gran marrón, ese color será el que marque nuestros pasos.

La perspectiva nos muestra ángulos diferentes en la observación, produciéndonos diferentes sensanciones; el momento, la circunstancia sensible; el tiempo de contemplación; la edad, las experiencias. Todos estos factores influyen en nuestra cadena de pensamientos, ya con desagrado; ya con escalofríos de placer.

Pero existe un factor mucho más importante: la actitud. La filosofía con qué nos tomamos cada escena cotidiana es, con diferencia, el factor a tener más en cuenta en nuestro fin. El color del viento se percibe con una actitud de asombro por todo lo que sucede a nuestro alrededor.

En este instante, el viento ha arrastrado a una hoja a un lecho de hierba. Me acerco y observo.

El color del viento



En verdad, tiene color el viento. No todas las personas lo perciben, ni los afortunados disfrutan de su visión en cada instante. De niños el color se nos revela, pero con el tiempo se desvanece. Dicen que has madurado.

A causa de nuestro estilo de vida actual, percibimos nuestra realidad en monocromo; el gris encharca nuestros sentimientos, porque vemos el todo y perdemos el detalle. Pero, sin embargo, en cada instante la belleza nos asalta: en forma de sonido, de fragancia o con un gesto. Rozando los hilos que tejen la realidad, donde aparentemente hay tinieblas, ahí la encontraremos.

Quiero adentrarme en ese mundo de sueños, de la belleza abstracta, del efímero detalle. Quiero hallar su textura, su olor, tocar su forma, pero sobre todo quiero ver su color, el color del viento.

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