El secreto del árbol



Estaba sentada en el mismo sitio, con la misma postura y con el mismo gesto: las manos muertas sobre las piernas juntas, mirada vacía de contenido y parpadeo rítmico. Cada tarde era el mismo ritual.

Un hombre muy conocido en la villa, por ser persona de cierto misterio, se sentó a su lado. Aunque tenía mucha vitalidad, todos coincidían en que era el hombre más anciano, ya que nadie lo recordaba de joven. Pero lo que le preocupaba a la gente era su procedencia y lo que hacía en sus largas ausencias. Él siempre decía que era ciudadano del mundo y nombraba ciudades y lugares que nadie había oído jamás. No diré aquí los cuentos que vagan en siseo de palabras ocultas, pues parecen más leyenda que realidad. Una cosa sí es cierta, la sonrisa siempre le acompañaba. Eso era de desconfiar. Un hombre normal no puede estar siempre feliz. Tenía que haber cierta oscuridad.

La imagen era de antagonismo. El viejo con aquella sonrisa radiante y la mujer, que podría ser nieta, ausente, sin vida.

Como si recordara algo, el hombre dijo:
-¡Te voy a contar un secreto!

Ella seguía sin inmutarse.

- ¿Ves ese árbol de allí? ¡Es curioso cómo tiene el pecho abierto! No siempre fue así. Harto de aguantar en esa postura estática, de soportar todo tipo de inclemencias, de sufrir soledad, decidió irse. Parece cuento, pero no. Rompió el traje de madera y se fue el alma desprendiendo mucha luz – hizo un gesto con las manos, como si tuviera alas-, dicen que se reencarnó en águila. Ahora vuela, para tener libertad.

Desde aquel día no se supo más de la mujer.

2 Comments:

Anonymous anansi said...

Precioso.

3:13 p. m., marzo 23, 2006  
Blogger Oscar Hermida said...

Gracias

6:14 p. m., marzo 27, 2006  

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