¿Eros o Thanatos?

CARPIR DIAS



Una mosca que no le tenía miedo a la oscuridad se ha mezclado con las dos velas en las que he recibido el día. Los latidos, el segundero y el zumbido, han sido cadencias de un carpir.

¡Desesperante! El reloj me ha dañado los tímpanos del alma; los segundos como gotas de auga y su tic tac como trueno ensordecedor.

Silencio. Inexorable transcurrir.

He empezado este diario con “Hola”; continúa “Adiós”, porque no da para más esta realidad. El día pasa en un suspiro, como transcurre el aliento de la vida: en un carpir, un llanto que rasga, un carpir días.

CARPE DIEM



Dudo de mis ojos. No se si están abiertos o cerrados. En una danza sideral el sol calienta en las antípodas y la noche se cierne sobre mi.

Sentado en la ribera de un río, en total soledad, escucho el auga que camina con lentitud. En un gesto, por instinto, sumerjo los pies. Me sorprende lo templada que está.

Dejo caer el cuerpo sobre la hierba y los verdes suspiros me embárgan con su fragrancia. Un ente burbujea por mis venas, como savia que circula por las raíces de un árbol, reverdeciendo cada parte de mi cuerpo y dándome aliento para seguir esprimiendo ese delicioso zumo a todo lo que me rodea.

Regreso a la realidad. No estoy en el río, me encuentro en cama. Una mosca se pasea por la habitación sin ningún respeto por quien duerme. No importa, ya se cansará.

Ahora estoy en una playa. El Pacífico. Las olas me acarician...

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