Mirada pesadilla


Sufría cada noche, una tras otra, sin tregua. Me ocultaba entre sábanas y en un mar de lágrimas y sudor hervía, totalmente quieto, al ver esos ojos de mirada sanguinolenta, en la línea de la puerta entreabierta. Su tez era negra como el carbón, si bien la negrura más que color, semejaba carencia de contenido. Algunas veces lo sentía reír y me parecía risa del demonio deleitandose con el mal.

¡Pobre! !Qué mal llegaba mi padre de trabajar en la mina!

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