Por la senda del escalofrío



La mirada se relaja. El gesto severo, con lentitud, desaparece. El cuerpo se distensa y se sosiega. Dentro, no hay juicio, sólo observación benebolente; fuera, la realidad, es como es y está bien.

Uno.

Dos.

Tres.

Un latido, un escalofrío. Este compás produce vibraciones de armoniosas sinfonías. Así, paso a paso, por la senda del escalofrío, se llega al asombro.

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